...los tres elementos que nos componen: cuerpo, palabra y mente. Sogyal Rimpoché Libro tibetano de la vida y de la muerte.
La fuga
Madre mía, en el sueño
ando por paisajes cardenosos:
un monte negro que se contornea
siempre, para alcanzar el otro monte;
y en el que sigue estás tú vagamente,
pero siempre hay otro monte redondo
que circundar, para pagar el paso
al monte de tu gozo y de mi gozo.
Mas, a trechos tú misma vas haciendo
el camino de burlas y de expolio.
Vamos las dos sintiéndonos, sabiéndonos,
mas no podemos vernos en los ojos, y no
podemos trocarnos palabra,
cual la Eurídice y el Orfeo solos,
las dos cumpliendo un voto o un castigo,
ambas con pies y con acentos rotos.
Pero a veces no vas al lado mío:
te llevo en mí, en un peso angustioso
y amoroso a la vez, como pobre hijo
galeoto a su padre galeoto,
y hay que enhebrar los cerros repetidos,
sin decir el secreto doloroso:
que yo te llevo hurtada a dioses crueles
y que vamos a un Dios que es de nosotros.
Y otras veces ni estás cerro adelante,
ni vas conmigo, ni vas en mi soplo:
te has disuelto con niebla en las montañas,
te has cedido al paisaje cardenoso.
Y me das unas voces de sarcasmo
desde tres puntos, y en dolor me rompo,
porque mi cuerpo es uno, el que me diste,
y tú eres un agua de cien ojos,
y eres un paisaje de mil brazos,
nunca más lo que son los amorosos:
un pecho vivo sobre un pecho vivo,
nudo de bronce ablandado en sollozo.
Y nunca estamos, nunca nos quedamos,
como dicen que quedan los gloriosos,
delante de su Dios, en dos anillos
de luz, o en dos medallones absortos,
ensartados en un rayo de gloria
o acostados en un cauce de oro.
O te busco, y no sabes que te busco,
o vas conmigo, y no te veo el rostro;
o en mí tú vas, en terrible convenio,
sin responderme con tu cuerpo sordo,
siempre por el rosario de los cerros,
que cobran sangre por entregar gozo,
y hacen danzar en torno a cada uno,
¡hasta el momento de la sien ardiendo,
del cascabel de la antigua demencia
y de la trampa en el vórtice rojo!
Gabriela Mistral
Tomate el palo
Miss Bolivia
Leo García
Para vos, gato
Al final yo tenia razón, me decias mentiras mi amor.
Me zarpaste bien el corazón
y ahora lloro y me duele un monton.
Simulaste una separación
y a ella la llevaste a nuestra habitación,
la besaste junto a nuestra foto de Europa
y le diste masa en mi colchón.
Y ahora las mañanas ya no son las mañanas
ya no tienes mi presencia que sana.
Me buscas, me escribes por Facebook, me llamas
Me parece a mi o te quedo fría la cama?
Que garrón, te fuiste de mi casa sin pedir perdón
Ahora mis amigos te dicen traidor porque me rompiste el
corazón
Y ahora queres volver
Pero tomate el palo, y ahora tomatelo
Y ahora tomate el palo, y ahora tomatelo.
Y que Dios te bendiga, y yo te digo adiós
A la gilada ni cabida mi vida ahora decido yo.
A mi corazón le pusiste tierra
Con tus mentiras me hiciste mierda
Y tengo esta herida que sangra y no cierra y no se que
hacer.
Decime algo Leo
Hola, mejor que mala acompañada sola,
Afuera hay veinte pibas haciendo cola
Si yo fuera vos les daría bola
Vamos a menear la rola
Y digo que la tienes que dejar
Si no te supo respetar
Pero no tienes que olvidar
Que hay amor del bueno y que esta por llegar
(suéltalo)
El dolor no funciona
(suéltalo)
Liberate y perdona
(suéltalo)
Hay que limpiar la zona
Para volver a nacer otra vez.
Y ahora tomate el palo y ahora tomatelo
Y ahora tomate el palo, y ahora tomatelo.
Y que Dios te bendiga, y yo te digo adiós
A la gilada ni cabida mi vida ahora decido yo.
Tomate el palo, tomate un avión, tomate un taxi tomate un camión
A Bahía Blanca, La Plata o Morón
yo sigo tranca y vos que papelón.
Al final yo tenia razón (...)
Y ahora tomate el palo y ahora tomatelo
Y ahora tomate el palo, y ahora tomatelo.
Y que Dios te bendiga, y yo te digo adiós
A la gilada ni cabida mi vida ahora decido yo.
Y ahora tomate el palo y ahora tomatelo
Y ahora tomate el palo, y ahora tomatelo.
Y que Dios te bendiga, y yo te digo adiós
A la gilada ni cabida mi vida ahora decido yo.
Que paso? Te re cabió.
Amor
Amor y compasión son dos términos muy ambiguos; podemos
interpretarlos de muchas maneras. Generalmente, en nuestras vidas nos acercamos
a las cosas con una actitud codiciosa, tratamos de aferrarnos a diversas
situaciones para lograr seguridad propia. Puede que veamos a alguien como
nuestro bebé, o podría ser que quisiéramos considerarnos a nosotros mismos como
niños indefensos y quisiéramos meternos en el regazo de otro. Este regazo
podría pertenecer a una persona, a una organización, a la comunidad, al
maestro, a alguna figura paterna. Las llamadas “relaciones de amor” usualmente toman
una de estas dos formas. O nos están alimentando o alimentamos a otros. Éstas son
formas falsas, torcidas, del amor y la compasión. El deseo de comulgar –el que
queramos “pertenecer”, ser el niño de alguien, o que queramos que otros sean
nuestros niños- es un instinto que parecer ser poderosísimo. Un individuo o una
organización o institución o cualquier cosa puede convertirse en nuestro bebé;
lo meceríamos en nuestros brazos, le daríamos de beber leche, lo estimularíamos
en su crecimiento. O podría ser que la organización fuese la gran madre que nos
alimenta continuamente. Sin nuestra “madre” no podemos existir, no podemos
sobrevivir. Estas dos formas de manifestación pueden aplicarse a cualquier energía
vital que tenga la capacidad de entretenernos. Esta energía puede ser tan
sencilla como una amistad casual o como una actividad excitante que quisiéramos
llevar a cabo, y puede ser tan complicada como el matrimonio o el escoger una
carrera. Queremos manejar la excitación a nuestro gusto o queremos ser parte de
ella.
Sin embargo, hay otro tipo de amor y compasión, una tercera
manera: no ser otra cosa de lo que uno es. Uno no se reduce al nivel de un niño
ni exige que otra persona corra a cobijarse en nuestro regazo. Uno es simplemente
lo que es, en el mundo, en la vida. Si uno puede ser lo que es, las situaciones externas serán lo que son, automáticamente. Entonces,
uno se puede comunicar directa y exactamente,
sin abandonarse a ningún tipo de interpretación emocional o filosófica o
psicológica. Esta tercera manera de ser compasivo es un estilo equilibrado de
apertura y comunicación, el cual automáticamente crea un espacio tremendo,
espacio para el crecimiento creativo, espacio en el que se pueda bailar y pueda
haber intercambio.
Compasión significa no jugar el juego de la hipocresía y el
autoengaño. Por ejemplo, si queremos algo de alguien y le decimos “te amo”, a
menudo lo que esperamos es llegar a convencerlo de que se pase a nuestro
territorio, a nuestro lado. Este tipo de amor proselitista tiene serias
limitaciones. “¡Deberías amarme, aunque me odies; porque yo estoy lleno de
amor, ebrio de amor, estoy completamente embriagado!” ¿Qué quiere decir esto? Sencillamente
que la otra persona debería entrar resueltamente en nuestro territorio, porque
decimos que la amamos, que no le vamos a hacer daño. Esto es muy dudoso. Ninguna
persona inteligente se va dejar seducir con este truco. “Si de veras me quieres
como soy, ¿por qué me pides que entre en tu territorio? ¿por qué esta cuestión
del territorio y estas exigencias? ¿qué esperas de mí? Si accedo a entrar en tu
territorio de “amor”, ¿cómo puedo saber que no me vas a dominar, que no vas a
crear una situación claustrofóbica con tus exigencias opresivas de amor?”
mientras el amor traiga consigo alguna exigencia territorial, los demás
sospecharán de esta actitud “amorosa” y “compasiva”. ¿Cómo podemos asegurarnos
de que el banquete que se nos sirve no ha sido emponzoñado? ¿es esta apertura
la de una persona egocéntrica o es verdadera apertura total?
La característica fundamental de la compasión verdadera es
la apertura pura e intrépida que no tiene limitaciones territoriales. No hace
falta ser amoroso y bondadoso con el prójimo, no hace falta hablar con palabras
dulces y mostrar una sonrisa amable. Este jueguito no viene al caso cuando se
trata de compasión verdadera. De hecho, resultaría embarazoso. La apertura
verdadera tiene lugar a una escala mucho mayor,
una escala radicalmente grande y abierta, una escala universal. La compasión
debe significar para uno el ser tan adulto como se pueda mientras se mantiene
una actitud de niño. En las enseñanzas budistas el símbolo de la compasión es
la luna que brilla en el cielo y se refleja en cien tazas de agua. La luna no
exige: “si te abres a mí, te haré un favor y brillaré dentro de ti”. La luna
meramente brilla. Lo importante no es el querer beneficiar o hacer feliz a
alguien. No hay un auditorio. No hay “yo” ni “ellos”. Se trata de un regalo
abierto, generosidad cabal sin los conceptos relativos de dar y recibir. Esta es
la apertura básica de la compasión: abrirse sin exigir. No ser otra cosa que lo
que uno es, ser el amo de la situación (…)
Chögyam Trungpa Rimpoché
Más allá del materialismo espiritual
Chögyam Trungpa Rimpoché
Más allá del materialismo espiritual
El hambre - Juan José Manauta
Ah;
me olvidaba del hambre.
No me hubiera olvidado quizá de esa gran regidora
si no anduviera junta
con el día y la brisa, con el hombre y sus nubes,
con los atardeceres, mañanas, medios días.
No me hubiera olvidado del hambre si no fuera, quizá,
también la de los árboles
que arraigan en el llano,
si no fuera de pájaros y constelaciones,
el hambre de los peces que remontan el río.
Me olvidaba tal vez porque la luna
gira en el hambre de la escarcha y gira
para el grano aventado.
No me hubiera olvidado
si el hambre no anduviera, junto a los picaflores,
balando en los corderos de septiembre.
No me hubiera olvidado del hambre si no fuera
la de un recién nacido.
Y así olvidaba el hambre
de los seres oscuros de mi tierra.
La suya es como el hambre
del río que se dirige el mar,
o el hambre de los vientos de marzo
que traen la lluvia para el trigo.
Me olvidaba del hambre,
y el hambre yace muerto sobre las tierras blancas
y en las cosechadoras
apagadas, y enmohecidas.
La suya es como el hambre de las cosas viajeras:
golondrinas que vuelven, camalotes
con collares de luz;
y, bajo talas, ñandubays y algarrobos,
y ras de las serpientes.
Puedo decir, del hambre, junto al niño harapiento,
y en la palabra caben los pastores de imágenes,
el ministerio de la rosa, el héroe.
Puedo decir, del hambre, junto al abandonado,
y en la palabra caben
los hombres que han arado y los caballos
que han vuelto con fatiga
y abrevan al atardecer.
El hambre de los míos es el hambre
que proviene desde la tierra vieja,
maternal y asesina,
jugosa y obediente.
¿Y entonces si los ríos concluyen en el mar,
Y si los picaflores hallan la miel
Y a las estrellas retornan cada noche;
por qué, si el día redondo, brillante,
calienta las cosechas;
por qué si las crecientes
vienen y van,
trayendo el limo pesado desde el norte;
por qué, si entre las hojas
un rayo azul asoma y emparente los pólenes;
por qué me había olvidado del hambre;
por qué me había olvidado del hambre de los míos?
( amor )
Es por amor
que al mundo yo le hago frente
y por amor
si caigo me levanto siempre;
y al costado del camino
veo ángeles caídos.
Es por amor
que nunca voy a abandonarte
y por amor
espero lo que vas a darme
y al costado del camino
veo ángeles caídos
Hay una fiesta
y es esta noche
baila conmigo
así te pido dame
Uh uh uh... Mirame... Uh uh uh
Es por amor
que uno hace lo que siente
y por amor
yo sigo y sigo aunque me cueste.
Y al costado del camino
veo ángeles caídos
Hay una fiesta
y es esta noche
baila conmigo
así te pido dame
Uh uh uh...
Mirame... Uh uh uh
La pesadilla
Yo soñé que Papá Noel desbarrancaba el trineo
y se iba a cabaretear para navidad con un coche nuevo.
Soñé que los reyes magos, peleados por una mina,
dejaban a los camellos abandonados en una esquina.
Yo soñé que San Antonio, cansado de hacer favores,
se machaba con ginebra para olvidar sus penas de amores.
Ay, ay, ay, ay, qué pesadilla, mamá, no me dejes solo!
Soñé que yo iba a la cancha y no había más choripanes,
que cuatro viejos echaban a Maradona de los mundiales.
Soñé que te ibas muy lejos, que ya no podía verte.
Soñé que haciendo el amor uno se podía contagiar de muerte.
Soñé que San Cayetano junaba contento el mundo
porque el día que todos trabajen él va a tener que buscar
laburo.
Ay, ay, ay, ay, qué pesadilla, mamá, no me dejes solo!
Soñé con el cuco malo, soñé con la telesita.
Soñé con trescientas cruces que están clavadas en unas islas.
Soñé que el niño Jesús tenía frío en las patas,
y soñé que el Vaticano estaba repleto de oro y de plata.
Soñé al hombre de la bolsa que había venido a llevarme
y que en el país de las vacas 'taba muy caro el kilo de
carne
Ay, ay, ay, ay, qué pesadilla, mamá, no me dejes solo!
¿Siente?
El cuerpo es como la tierra. Es una tierra en sí mismo. Y es
tan vulnerable al exceso de edificaciones como cualquier paisaje, pues también
está dividido en parcelas, aislado, sembrado de minas y privado de su poder. No
es fácil reconvertir a la mujer salvaje mediante planes de remodelación. Para ella
lo más importante no es cómo formar sino cómo sentir.
El pecho en todas sus formas desarrolla la función de sentir
y alimentar ¿Siente? ¿Alimenta? Es un buen pecho.
Las caderas son anchas y con razón, pues llevan dentro una
satinada cuna de marfil para la nueva vida. Las caderas de una mujer son batangas
para el cuerpo superior y el inferior; son pórticos, son un mullido cojín,
asideros del amor, un lugar detrás del cual se pueden esconder los niños. Las piernas
están destinadas a llevarnos y a veces a propulsarnos; son las poleas que nos
ayudan a elevarnos, son un anillo para rodear al amante. No pueden ser
demasiado esto o demasiado lo otro. Son lo que son.
En los cuerpos no hay ningún “tiene que ser”. Lo importante
no es el tamaño, la forma o los años y ni siquiera el hecho de tener un par de
cada cosa, pues algunos no lo tienen. Lo importante desde el punto de vista de
lo salvaje es si el cuerpo siente, si tiene una buena conexión con el placer,
con el corazón, con el alma, con lo salvaje. ¿Es feliz y está alegre? ¿Puede
moverse a su manera, bailar, menearse, oscilar, empujar? Es lo único que importa.
Clarissa Pinkola Estess
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