Gabi

Destino

Canto latente
Temerosa respiración
La séptima nota regresa aureando

Es el nombre olvidado
en el aljibe de agua fresca y lejana
que camina entre las piedras
con la mirada hacia el cielo

Sin brújula y sin nombre.


Trébol

El niño dice:
quiero conocer el mundo
mi flor es la más bella
y sueño con rayuelas.

El joven dice:
sospecho del mundo
la rosa tiene espina
Sueño
y dejo el deseo
para empezar a amar.

El viejo dice:
te ofrezco mis ojos ciegos de luz.


Vuelo afirmado

El silencio no existe
El vacío colma
La soledad acompaña
Ya puedo poner el piso
en mi casa.

Gabriela Cataldi
La gota de aire
Gradiva ediciones

Poetica I


De manhã escureço
de dia tardo
de tarde anoiteço
de noite ardo.

A oeste a morte
contra quem vivo
do sul cativo
o este é meu norte.

Outros que contem
passo por passo:
eu morro ontem

Nasço amanhã
ando onde há espaço:
– Meu tempo é quando.



Vinicius de Moraes
Livro de sonetos, 1991.

hablar sin hablar sin mirar sin estar

Sentado en la silla, me quedo contemplando su figura de espaldas. El movimiento de su cuerpo, cómo avanzan sus piernas. Todos sus gestos rebosan elegancia y naturalidad. No sé expresarlo bien, pero poseen algo especial. Parece que ella, a través de su espalda, me esté comunicando algo. Algo que no se puede formular con palabras. Algo que no puede transmitirse cara a cara. Pero no sé de qué se trata. Porque son muchas las cosas que ignoro.

Haruki Murakami
Kafka en la orilla

enteros o a mitades


- Según la historia de Aristófanes que sale en El banquete de Platón, en el mundo mítico de la antigüedad había tres clases de seres humanos –dice Oshima-. ¿Lo sabías?
- No –respondo.
- El mundo antiguo no estaba compuesto por hombres y mujeres sino por hombres-hombres, hombres-mujeres, mujeres-mujeres. Es decir, que un ser humano comprendía dos personas de ahora. Y así vivían todos satisfechos y felices. Sin embargo, los dioses los partieron a todos con un cuchillo por la mitad. De un corte limpio. Como resultado, el mundo se dividió en hombres y mujeres, y desde entonces los seres humanos van corriendo desesperados de un lado para otro buscando la mitad que les falta.
- ¿Y por qué hicieron los dioses eso?
- ¿Partir los seres humanos en dos? Pues vete a saber. Los actos de los dioses nunca son fáciles de comprender. Los dioses son irascibles y tienden a ser, ¿cómo te diría?, excesivamente idealistas. Puestos a suponer, tal vez se tratase de algún castigo. Como la expulsión de Adán y Eva del Paraíso que sale en la Biblia.
- El pecado original –digo.
- Exacto. El pecado original –dice Oshima. Y hace oscilar el largo lápiz entre los dedos índice y corazón como si fuera una balanza. En definitiva, lo que quería decirte es lo siguiente: para un ser humano es muy duro vivir solo.

Haruki Murakami
Kafka en la orilla

c a a a m b i a todo cambia

Todo cambia

Cambia lo superficial
cambia también lo profundo
cambia el modo de pensar
cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años
cambia el pastor su rebaño
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño

Cambia el más fino brillante
de mano en mano su brillo
cambia el nido el pajarillo
cambia el sentir un amante

Cambia el rumbo el caminante
aunque esto le cause daño
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño

Cambia, todo cambia
Cambia, todo cambia

Cambia el sol en su carrera
cuando la noche subsiste
cambia la planta y se viste
de verde en la primavera

Cambia el pelaje la fiera
cambia el cabello el anciano
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño

Pero no cambia mi amor
por mas lejos que me encuentre
ni el recuerdo ni el dolor
de mi tierra y de mi gente

Y lo que cambió ayer
tendrá que cambiar mañana
así como cambio yo
en esta tierra lejana.

Julio Numhauser

Y mientras tanto el sol se muere

Todavía no usé mi milagro de hoy
(que corta es la vida, mi amor!)
No voy a buscar más consuelos tontos
si pasa algo malo esta vez.

Te voy a buscar
en la oscuridad

Yo no sé si pueda volver a encontrarte, amor
si Dios no me quiere en tu eternidad
Sueño con que duermo, no lleno mi tumba aún
y un poquito tarde esta vez se va a hacer…

Y mientras tanto el sol se muere
y no parece importarnos
Mientras te quiero el sol se apaga
y si Dios queda en nada o no existe
te amaré mucho más.

Te voy a encontrar
en la oscuridad

Algún día, pronto, una de mis vidas
va a intentar matarme y lo va a lograr
¿Cómo será andar solito allá en la muerte?
Ay! mi amor... ya sin vos… sin tu sueño…

Yo no sabría echarte de menos
(soy un ladrón que robó dolor)
y si te pierdo camino a casa
ya te dije esto antes… linda mía
...te voy a encontrar

te voy a buscar
y te voy a encontrar...

La fuga


Madre mía, en el sueño
ando por paisajes cardenosos:
un monte negro que se contornea
siempre, para alcanzar el otro monte;
y en el que sigue estás tú vagamente,
pero siempre hay otro monte redondo
que circundar, para pagar el paso
al monte de tu gozo y de mi gozo.

Mas, a trechos tú misma vas haciendo
el camino de burlas y de expolio.
Vamos las dos sintiéndonos, sabiéndonos,
mas no podemos vernos en los ojos, y no
podemos trocarnos palabra,
cual la Eurídice y el Orfeo solos,
las dos cumpliendo un voto o un castigo,
ambas con pies y con acentos rotos.

Pero a veces no vas al lado mío:
te llevo en mí, en un peso angustioso
y amoroso a la vez, como pobre hijo
galeoto a su padre galeoto,
y hay que enhebrar los cerros repetidos,
sin decir el secreto doloroso:
que yo te llevo hurtada a dioses crueles
y que vamos a un Dios que es de nosotros.

Y otras veces ni estás cerro adelante,
ni vas conmigo, ni vas en mi soplo:
te has disuelto con niebla en las montañas,
te has cedido al paisaje cardenoso.
Y me das unas voces de sarcasmo
desde tres puntos, y en dolor me rompo,
porque mi cuerpo es uno, el que me diste,
y tú eres un agua de cien ojos,
y eres un paisaje de mil brazos,
nunca más lo que son los amorosos:
un pecho vivo sobre un pecho vivo,
nudo de bronce ablandado en sollozo.

Y nunca estamos, nunca nos quedamos,
como dicen que quedan los gloriosos,
delante de su Dios, en dos anillos
de luz, o en dos medallones absortos,
ensartados en un rayo de gloria
o acostados en un cauce de oro.

O te busco, y no sabes que te busco,
o vas conmigo, y no te veo el rostro;
o en mí tú vas, en terrible convenio,
sin responderme con tu cuerpo sordo,
siempre por el rosario de los cerros,
que cobran sangre por entregar gozo,
y hacen danzar en torno a cada uno,
¡hasta el momento de la sien ardiendo,
del cascabel de la antigua demencia
y de la trampa en el vórtice rojo!

Gabriela Mistral