...los tres elementos que nos componen: cuerpo, palabra y mente. Sogyal Rimpoché Libro tibetano de la vida y de la muerte.
Me está sobrando guitarra - Atahualpa Yupanqui
Como yo no soy cantor,
me está sobrando guitarra
para cantar como canto,
con las bordonas me basta.
Pobre corazón el mío
herido por la distancia
pa’ que no miren su pena
se tapa con la guitarra.
Para entibiar mis recuerdos,
tengo un fogón en mi casa
y mesmo sin darme cuenta
se acortan mis madrugadas.
No quiero apero de lujo,
ni quiero espuelas de plata
es otra luz la que busco,
otro brillo me hace falta.
Seis cuerdas son muchas cuerdas
pal que sabe poco y nada
para cantar como canto,
me está sobrando guitarra
para cantar como canto,
con las bordonas me basta.
algo hay
A propósito de la palabra dios
Decirla
Nombrarla
Pedirle
Temerle
Mirarla
Tocarla
Negarla
Gritarla
Creo en todo este caos
Creo en toda esta locura
Crímenes y torturas
Que un día terminarán
Creo en tanta injusticia
Y en la ley de la selva
Vivir es una guerra
Que un día terminará
Yo creo sin embargo
Que en medio del incendio
Cuando todo está ardiendo
Algo hay
Belleza de los locos
Crepúsculos en llamas
Infancia destrozada
Algo hay
Laberintos rabiosos
Espejos sin salida
Amor enceguecido
Algo hay
Ruleta de esperanzas
Recuerdos como flechas
Domingo interminable
Algo hay
Besar por vez primera
Luchar contra el olvido
Inútiles reencuentros
Algo hay
Balazos en la boca
El sol negro de pena
Elegir el olvido
Algo hay
Locura del planeta
Razón del universo
Que ignora el bien y el mal
Tambores en la noche
Repiten la palabra
Obsesa como el mar
Saber que no hay respuesta
Y decir sin embargo
Algo hay Algo hay
Mario Trejo
Decirla
Nombrarla
Pedirle
Temerle
Mirarla
Tocarla
Negarla
Gritarla
Creo en todo este caos
Creo en toda esta locura
Crímenes y torturas
Que un día terminarán
Creo en tanta injusticia
Y en la ley de la selva
Vivir es una guerra
Que un día terminará
Yo creo sin embargo
Que en medio del incendio
Cuando todo está ardiendo
Algo hay
Belleza de los locos
Crepúsculos en llamas
Infancia destrozada
Algo hay
Laberintos rabiosos
Espejos sin salida
Amor enceguecido
Algo hay
Ruleta de esperanzas
Recuerdos como flechas
Domingo interminable
Algo hay
Besar por vez primera
Luchar contra el olvido
Inútiles reencuentros
Algo hay
Balazos en la boca
El sol negro de pena
Elegir el olvido
Algo hay
Locura del planeta
Razón del universo
Que ignora el bien y el mal
Tambores en la noche
Repiten la palabra
Obsesa como el mar
Saber que no hay respuesta
Y decir sin embargo
Algo hay Algo hay
Mario Trejo
Murakami ad hoc, o Cómo te quedó el ojo
La miro a la cara.
-¿Cuánto tardaré en acostumbrarme a este lugar?
-¿Cuánto tiempo? -repite ella. y mueve despacio la cabeza en ademán negativo-. No lo sé. no es una cuestión de tiempo. No tiene nada que ver con la cantidad de tiempo. cuando llegue el momento, tú ya te habrás acostumbrado.
(...)
-¿El momento?
-El momento en que tú descubras que no es necesario cortarte nada de ti mismo para arrojarlo fuera. Nosotros no lo desechamos, nosotros los asimilamos en nuestro interior.
-¿Y yo lo asimilaré en mi interior?
-Sí.
-Entonces -pregunto-, cuando ya lo haya asimilado, ¿qué diablos ocurrirá?
La niña reflexiona con la cabeza algo ladeada. Un gesto muy natural. Su flequillo también se ladea al compás del movimiento de cabeza.
-Pues, quizá, que tú seas enteramente tú -dice.
-O sea, que yo ahora no soy enteramente yo.
-Tú, ahora, eres tú más que de sobra -dice ella. reflexiona un poco-. a lo que yo me refiero es a algo ligeramente diferente. Pero no sé explicarlo con palabras.
-¿Que no lo entenderé hasta que llegue el momento en que lo experimente en la realidad?
Ella asiente.
Haruki Murakami
Kafka en la orilla
-¿Cuánto tardaré en acostumbrarme a este lugar?
-¿Cuánto tiempo? -repite ella. y mueve despacio la cabeza en ademán negativo-. No lo sé. no es una cuestión de tiempo. No tiene nada que ver con la cantidad de tiempo. cuando llegue el momento, tú ya te habrás acostumbrado.
(...)
-¿El momento?
-El momento en que tú descubras que no es necesario cortarte nada de ti mismo para arrojarlo fuera. Nosotros no lo desechamos, nosotros los asimilamos en nuestro interior.
-¿Y yo lo asimilaré en mi interior?
-Sí.
-Entonces -pregunto-, cuando ya lo haya asimilado, ¿qué diablos ocurrirá?
La niña reflexiona con la cabeza algo ladeada. Un gesto muy natural. Su flequillo también se ladea al compás del movimiento de cabeza.
-Pues, quizá, que tú seas enteramente tú -dice.
-O sea, que yo ahora no soy enteramente yo.
-Tú, ahora, eres tú más que de sobra -dice ella. reflexiona un poco-. a lo que yo me refiero es a algo ligeramente diferente. Pero no sé explicarlo con palabras.
-¿Que no lo entenderé hasta que llegue el momento en que lo experimente en la realidad?
Ella asiente.
Haruki Murakami
Kafka en la orilla
Ya no estás ~ Las Pelotas
Es como el agua que se escurre entre los pies
como es el viento de verano alguna vez
como la sombra de montaña que vos ves
como el desierto y la historia que sabés
Es como barro que refresca tu niñez
es como cuando te permites no saber
cómo quisiera alcanzarte alguna vez
o te siguiera para nunca más volver y
sentir, sentir, sentir, sentir
Imaginando desde la cama
y no te encuentro en ningún lugar
Quisiera verte esta mañana
para olvidarme que ya no estás
Quizás un día volverás a ver como es
disfrutarás como cuando recién sabés
no alcanzarán a lastimarte otra vez
... y te siguiera para nunca más volver y
sentir, sentir, sentir, sentir
Posmos
¿Sabes, Hoshino? Dios sólo existe en la mente de los hombres. Y especialmente en Japón, para bien o para mal, en lo que respecta a Dios somos muy flexibles. Una prueba de ello es que el emperador, que era Dios antes de la guerra, al recibir del comandante del ejército de ocupación, el general Mac Arthur, la orden: “¡Deja ya de ser Dios!”, le contestó: “¡Vale! Ya sólo soy una persona normal”, y, desde 1946, dejó de ser Dios. El Dios de Japón era así de fácil de ajustar. Viene un militar norteamericano con gafas de sol y una pipa barata entre los dientes, le da una simple orden y Él cambia de naturaleza. Eso es el no va más de la posmodernidad. Si crees que existe, existe. Si crees que no existe, no existe. Yo jamás me he preocupado por esos detalles.
Haruki Murakami
Kafka en la orilla
Idéntico amor
Las sonámbulas
En mi villa natal
había una madre y una hija que andaban mientras dormían.
Una noche,
mientras el silencio envolvía la tierra, la madre y la hija iban andando
dormidas hasta que se encontraron en su jardín oculto por la niebla.
La madre habló
primero:
“¡Por fin,
enemiga mía; por fin puedo decírtelo! ¡Tú has destruido mi juventud y has
construido tu vida sobre las ruinas de la mía! Si pudiera, ¡me gustaría
matarte!”
Y contestó la
hija:
“¡Oh, mujer
odiosa! ¡Eres egoísta y vieja! ¡Te interpones entre mi libertad y mi yo!
¡Querrías que mi vida no fuera más que un eco de tu vida marchita! ¡Me gustaría
verte muerta!”
En aquel momento
cantó el gallo, y las dos mujeres se despertaron.
“¿Eres tú, amor
mío?”, dijo la madre cariñosa.
“Sí, soy yo,
madre querida”, replicó la hija con idéntico amor.
Khalil Gibran
invento
Invento el amor porque soy poeta
y las palabras son el palacio de humo
en el que vivo
en el que hago y deshago la realidad
invocando noches y mañanas exquisitamente inmóviles
en las que imagino que haciendo el amor
hago un mundo entero
océanos y bosques
y toda una generación de niños tornasoles.
Gioconda Belli
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