La última inocencia
Partir
en cuerpo y alma
partir.
Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.
He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más fila para morir.
He de partir
Pero arremete ¡viajera!
Alejandra Pizarnik
...los tres elementos que nos componen: cuerpo, palabra y mente. Sogyal Rimpoché Libro tibetano de la vida y de la muerte.
Jaculatoria
No te mueras todavía.
Tu tristeza a mí me salva
lo mismo que tu alegría.
Malva al alba,
amarillo al mediodía
y a la noche otra vez malva.
No te mueras todavía.
No tienes un color fiel,
te van todos los colores
de la gama.
Ocre si estás en la cama,
verde si estás en la hiel,
gris acero si cruel,
azul negro en la porfía
y colorado en la llama
de fiesta y de rebeldía.
Que no te cuelguen cartel,
no te mueras todavía.
Echa tus tonos al día
como a una hoguera y confía,
que lo que arde no se pierde.
Me caliento en tus colores.
Aún te quedan resplandores
de naranja y ya eres verde
con una estría de rojo
y de turquesa otra estría.
Tu confusión es la mía
y en mi espejo la recojo.
No te mueras todavía.
Ni te quedes condenado
sólo al blanco o al morado,
ni te vuelvas transparente,
tan simple y desustanciado
como te quiere la gente.
Tú engrosa el caldo del día
que aún hay quien oye y quien siente
lo pasado y lo presente.
No te mueras todavía.
Y en tiempo de incertidumbre
arde también en su lumbre,
tan exenta de color
que corroe los que había.
No caigas en la costumbre
de inventar vida y amor
si el almacén se vacía.
A pie quieto en el terror,
a solas en la agonía
y aun cuando nada te alumbre,
no te mueras todavía.
Carmen Martín Gaite
Tu tristeza a mí me salva
lo mismo que tu alegría.
Malva al alba,
amarillo al mediodía
y a la noche otra vez malva.
No te mueras todavía.
No tienes un color fiel,
te van todos los colores
de la gama.
Ocre si estás en la cama,
verde si estás en la hiel,
gris acero si cruel,
azul negro en la porfía
y colorado en la llama
de fiesta y de rebeldía.
Que no te cuelguen cartel,
no te mueras todavía.
Echa tus tonos al día
como a una hoguera y confía,
que lo que arde no se pierde.
Me caliento en tus colores.
Aún te quedan resplandores
de naranja y ya eres verde
con una estría de rojo
y de turquesa otra estría.
Tu confusión es la mía
y en mi espejo la recojo.
No te mueras todavía.
Ni te quedes condenado
sólo al blanco o al morado,
ni te vuelvas transparente,
tan simple y desustanciado
como te quiere la gente.
Tú engrosa el caldo del día
que aún hay quien oye y quien siente
lo pasado y lo presente.
No te mueras todavía.
Y en tiempo de incertidumbre
arde también en su lumbre,
tan exenta de color
que corroe los que había.
No caigas en la costumbre
de inventar vida y amor
si el almacén se vacía.
A pie quieto en el terror,
a solas en la agonía
y aun cuando nada te alumbre,
no te mueras todavía.
Carmen Martín Gaite
las pequeñas salvaciones
El jardín
Flores azules, rojas, amarillas
-allá, detrás de las rocas-
forman con el viento
un río de susurros transparentes.
Inclina la cabeza:
cuando estés por caer, arrasado,
busca el susurro de los pétalos húmedos.
Marcelo Pichon Riviére
miedo
Lunes, de luna plena
y todo el mundo vive en su silencio
y el cielo que es el mar de mi ciudad
todo está pasando, lo claro y el sueño
y a veces tengo miedo de morir
y a veces tengo miedo de nacer
y a veces ya no se por qué razón
le temo al miedo
Podría estar aquí o estar allá
vivir en un jardín o en un corral
el monstruo que me mata, me mata, me mata,
vive dentro
Cuando calma la marea
siento el aire del deseo
Veo al miedo como a un niño
Veo al miedo como a un necio
Y entonces siento ganas de salir
Y entonces siento ganas de llorar
reír o dibujar no importa
ya no existe el miedo
podría estar allí o estar allá
vivir en un jardín o un corral
Si el monstruo que me mata, me mata, me mata
vive dentro
Hay un halo de luz que quiebra el miedo
Hay un toque de amor que inunda el sueño
D. Frenkel ~ La Portuaria
y todo el mundo vive en su silencio
y el cielo que es el mar de mi ciudad
todo está pasando, lo claro y el sueño
y a veces tengo miedo de morir
y a veces tengo miedo de nacer
y a veces ya no se por qué razón
le temo al miedo
Podría estar aquí o estar allá
vivir en un jardín o en un corral
el monstruo que me mata, me mata, me mata,
vive dentro
Cuando calma la marea
siento el aire del deseo
Veo al miedo como a un niño
Veo al miedo como a un necio
Y entonces siento ganas de salir
Y entonces siento ganas de llorar
reír o dibujar no importa
ya no existe el miedo
podría estar allí o estar allá
vivir en un jardín o un corral
Si el monstruo que me mata, me mata, me mata
vive dentro
Hay un halo de luz que quiebra el miedo
Hay un toque de amor que inunda el sueño
D. Frenkel ~ La Portuaria
Me está sobrando guitarra - Atahualpa Yupanqui
Como yo no soy cantor,
me está sobrando guitarra
para cantar como canto,
con las bordonas me basta.
Pobre corazón el mío
herido por la distancia
pa’ que no miren su pena
se tapa con la guitarra.
Para entibiar mis recuerdos,
tengo un fogón en mi casa
y mesmo sin darme cuenta
se acortan mis madrugadas.
No quiero apero de lujo,
ni quiero espuelas de plata
es otra luz la que busco,
otro brillo me hace falta.
Seis cuerdas son muchas cuerdas
pal que sabe poco y nada
para cantar como canto,
me está sobrando guitarra
para cantar como canto,
con las bordonas me basta.
algo hay
A propósito de la palabra dios
Decirla
Nombrarla
Pedirle
Temerle
Mirarla
Tocarla
Negarla
Gritarla
Creo en todo este caos
Creo en toda esta locura
Crímenes y torturas
Que un día terminarán
Creo en tanta injusticia
Y en la ley de la selva
Vivir es una guerra
Que un día terminará
Yo creo sin embargo
Que en medio del incendio
Cuando todo está ardiendo
Algo hay
Belleza de los locos
Crepúsculos en llamas
Infancia destrozada
Algo hay
Laberintos rabiosos
Espejos sin salida
Amor enceguecido
Algo hay
Ruleta de esperanzas
Recuerdos como flechas
Domingo interminable
Algo hay
Besar por vez primera
Luchar contra el olvido
Inútiles reencuentros
Algo hay
Balazos en la boca
El sol negro de pena
Elegir el olvido
Algo hay
Locura del planeta
Razón del universo
Que ignora el bien y el mal
Tambores en la noche
Repiten la palabra
Obsesa como el mar
Saber que no hay respuesta
Y decir sin embargo
Algo hay Algo hay
Mario Trejo
Decirla
Nombrarla
Pedirle
Temerle
Mirarla
Tocarla
Negarla
Gritarla
Creo en todo este caos
Creo en toda esta locura
Crímenes y torturas
Que un día terminarán
Creo en tanta injusticia
Y en la ley de la selva
Vivir es una guerra
Que un día terminará
Yo creo sin embargo
Que en medio del incendio
Cuando todo está ardiendo
Algo hay
Belleza de los locos
Crepúsculos en llamas
Infancia destrozada
Algo hay
Laberintos rabiosos
Espejos sin salida
Amor enceguecido
Algo hay
Ruleta de esperanzas
Recuerdos como flechas
Domingo interminable
Algo hay
Besar por vez primera
Luchar contra el olvido
Inútiles reencuentros
Algo hay
Balazos en la boca
El sol negro de pena
Elegir el olvido
Algo hay
Locura del planeta
Razón del universo
Que ignora el bien y el mal
Tambores en la noche
Repiten la palabra
Obsesa como el mar
Saber que no hay respuesta
Y decir sin embargo
Algo hay Algo hay
Mario Trejo
Murakami ad hoc, o Cómo te quedó el ojo
La miro a la cara.
-¿Cuánto tardaré en acostumbrarme a este lugar?
-¿Cuánto tiempo? -repite ella. y mueve despacio la cabeza en ademán negativo-. No lo sé. no es una cuestión de tiempo. No tiene nada que ver con la cantidad de tiempo. cuando llegue el momento, tú ya te habrás acostumbrado.
(...)
-¿El momento?
-El momento en que tú descubras que no es necesario cortarte nada de ti mismo para arrojarlo fuera. Nosotros no lo desechamos, nosotros los asimilamos en nuestro interior.
-¿Y yo lo asimilaré en mi interior?
-Sí.
-Entonces -pregunto-, cuando ya lo haya asimilado, ¿qué diablos ocurrirá?
La niña reflexiona con la cabeza algo ladeada. Un gesto muy natural. Su flequillo también se ladea al compás del movimiento de cabeza.
-Pues, quizá, que tú seas enteramente tú -dice.
-O sea, que yo ahora no soy enteramente yo.
-Tú, ahora, eres tú más que de sobra -dice ella. reflexiona un poco-. a lo que yo me refiero es a algo ligeramente diferente. Pero no sé explicarlo con palabras.
-¿Que no lo entenderé hasta que llegue el momento en que lo experimente en la realidad?
Ella asiente.
Haruki Murakami
Kafka en la orilla
-¿Cuánto tardaré en acostumbrarme a este lugar?
-¿Cuánto tiempo? -repite ella. y mueve despacio la cabeza en ademán negativo-. No lo sé. no es una cuestión de tiempo. No tiene nada que ver con la cantidad de tiempo. cuando llegue el momento, tú ya te habrás acostumbrado.
(...)
-¿El momento?
-El momento en que tú descubras que no es necesario cortarte nada de ti mismo para arrojarlo fuera. Nosotros no lo desechamos, nosotros los asimilamos en nuestro interior.
-¿Y yo lo asimilaré en mi interior?
-Sí.
-Entonces -pregunto-, cuando ya lo haya asimilado, ¿qué diablos ocurrirá?
La niña reflexiona con la cabeza algo ladeada. Un gesto muy natural. Su flequillo también se ladea al compás del movimiento de cabeza.
-Pues, quizá, que tú seas enteramente tú -dice.
-O sea, que yo ahora no soy enteramente yo.
-Tú, ahora, eres tú más que de sobra -dice ella. reflexiona un poco-. a lo que yo me refiero es a algo ligeramente diferente. Pero no sé explicarlo con palabras.
-¿Que no lo entenderé hasta que llegue el momento en que lo experimente en la realidad?
Ella asiente.
Haruki Murakami
Kafka en la orilla
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