La compasión incluye una intrepidez fundamental, la intrepidez que nunca titubea. Esta intrepidez se caracteriza por una generosidad extraordinaria, a diferencia de la intrepidez del que quiere ejercer poder sobre los demás. Esta "intrepidez generosa" es la naturaleza fundamental de la compasión y trasciende el instinto animal del ego. El ego quiere establecer su territorio, mientras que la compasión es completamente abierta y acogedora. Es un gesto de generosidad que no excluye a nadie.
Chögyam Trungpa.
...los tres elementos que nos componen: cuerpo, palabra y mente. Sogyal Rimpoché Libro tibetano de la vida y de la muerte.
El amor al alma - C. Pinkola Estés
Resiste. Sigue resistiendo. Haz tu trabajo. Encontrarás tu camino. Al final del cuento, los cisnes reconocen al patito como uno de los suyos antes de que él lo haga. Eso es muy típico en las mujeres exiliadas. Después de su duro peregrinaje, consiguen cruzas la frontera y entrar en su territorio doméstico, pero a menudo tardan algún tiempo en darse cuenta de que las miradas de la gente ya no son despectivas y con frecuencia son neutrales, cuando no admirativas y aprobatorias.
(…) Durante algún tiempo por lo menos, se sienten terriblemente desconfiadas (…) Al cabo de algún tiempo los recelos desaparecen y se inicia la siguiente fase del regreso a la propia persona que consiste en la aceptación de la singular belleza del propio ser, es decir, del alma salvaje de la que estamos hechas.
(…)
Por consiguiente, esta es la tarea final de la exiliada que encuentra a los suyos: no sólo aceptar la propia individualidad, la propiedad identidad específica como persona de un tipo determinado, sino también la propia belleza, la forma de la propia alma y el reconocimiento de que el hecho de vivir en contacto con esa criatura salvaje nos transforma a nosotras y transforma todo lo que toca.
Cuando aceptamos nuestra belleza salvaje, la colocamos en perspectiva y ya no somos conmovedoramente conscientes de ella, pero por nada del mundo la abandonaríamos ni la negaríamos. ¿Sabe una loba lo hermosa que es cuando salta? ¿Sabe la hembra de un felino lo hermosas que son las formas que crea cuando se sienta? ¿Se impresiona un pájaro por el rumor que oye cuando despliega las alas? Cuando aprendemos de ellos nos comportamos de acuerdo a nuestra verdadera manera de ser y no nos echamos atrás ni nos escondemos en presencia de nuestra belleza natural. Como las demás criaturas, nos limitamos a existir y así es como debe ser.
alejandra, alejandra
En esta noche, en este mundo
A Martha Isabel Moia
en esta noche en este mundo
las palabras del sueño de la infancia de la muerta
nunca es eso lo que uno quiere decir
la lengua natal castra
la lengua es un órgano de conocimiento
del fracaso de todo poema
castrado por su propia lengua
que es el órgano de la re-creación
del re-conocimiento
pero no el de la re-surrección
de algo a modo de negación
de mi horizonte de maldoror con su perro
y nada es promesa
entre lo decible
que equivale a mentir
(todo lo que se puede decir es mentira)
el resto es silencio
sólo que el silencio no existe
no
las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia
si digo agua ¿beberé?
si digo pan ¿comeré?
en esta noche en este mundo
extraordinario silencio el de esta noche
lo que pasa con el alma es que no se ve
lo que pasa con la mente es que no se ve
lo que pasa con el espíritu es que no se ve
¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades?
ninguna palabra es visible
A Martha Isabel Moia
en esta noche en este mundo
las palabras del sueño de la infancia de la muerta
nunca es eso lo que uno quiere decir
la lengua natal castra
la lengua es un órgano de conocimiento
del fracaso de todo poema
castrado por su propia lengua
que es el órgano de la re-creación
del re-conocimiento
pero no el de la re-surrección
de algo a modo de negación
de mi horizonte de maldoror con su perro
y nada es promesa
entre lo decible
que equivale a mentir
(todo lo que se puede decir es mentira)
el resto es silencio
sólo que el silencio no existe
no
las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia
si digo agua ¿beberé?
si digo pan ¿comeré?
en esta noche en este mundo
extraordinario silencio el de esta noche
lo que pasa con el alma es que no se ve
lo que pasa con la mente es que no se ve
lo que pasa con el espíritu es que no se ve
¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades?
ninguna palabra es visible
Los descansos - Mujeres que corren con los lobos
Los descansos son símbolos que conmemoran una muerte. Allí mismo, justo en aquel lugar, el viaje de alguien por la vida se interrumpió inesperadamente. Hubo un accidente de tráfico o alguien que caminaba por el camino murió de insolación o se produjo una reyerta. Ocurrió algo que alteró para siempre la vida de aquella persona y la de otros.
Las mujeres han muerto mil muertes antes de cumplir los veinte años. Han ido en esta dirección y en aquella y se han quedado aisladas. Han tenido sueños y esperanzas que también se han truncado. Cualquier mujer que diga lo contrario es que está todavía dormida. Todo eso justifica la existencia de los descansos.
A pesar de que todas estas cosas fortalecen los procesos de individuación y diferenciación, la maduración y el desarrollo exterior, el florecimiento, el despertar y la conciencia, son también unas grandes tragedias y como tales se tienen que lamentar.
(…) A continuación, la invito a hacer descansos, a sentarse con el itinerario de su vida y a preguntarse “¿Dónde están las cruces? ¿Dónde están los lugares que hay que recordar, los que hay que bendecir?”. Todos ellos tienen unos significados que se han incorporado a su vida actual. Hay que recordarlos, pero hay que olvidarlos al mismo tiempo. Para eso hace falta tiempo. Y paciencia.
(…) La de los descansos es una práctica conciente que honra a los muertos huérfanos de la psique, se compadece de ellos y les da finalmente sepultura.
Debemos ser amables con nosotras mismas y dar descanso a los aspectos de nuestra persona que se dirigían a algún lugar pero jamás llegaron a él. Los descansos marcan el lugar de la muerte, los momentos oscuros, pero son también billetes amorosos para el propio sufrimiento. Son transformativos. Nunca insistiré demasiado en la conveniencia de clavar las cosas en la tierra para que no nos sigan dondequiera que vayamos. Nunca insistiré demasiado en la conveniencia de enterrarlas.
C. Pinkola Estes
Viviendo allí, por Erica Jong
Viviendo allí
(en la casa de mi abuela)
Te penetramos como a una casa
agitando
las cortinas blancas.
En la cocina
con su antiguo aroma a guiso de carne,
entre las latas de té,
los armarios con olor a lavanda
e hileras apiladas de jabón rosado,
cajas de algodón en rama
y bordados inacabados,
dijimos
cómo nos gustaría ser habitados
después de muertos.
Luego empezamos a tomar tu lugar,
filtrándonos como agua de roca,
cambiando tu viejo orden,
defendiéndonos
con nuestros propios olores.
(Me serví café exprés
con tu cafetera.
Colgué cortinas negras
en tu cuarto de baño.)
A veces,
regresando inesperadamente a casa
te descubrí,
tu mejilla tan suave como hojas de sauce,
sacudiendo la cabeza,
negando
el cáncer que te devoraba.
Conocía
tu fantasma como a mi propio deseo
y no estaba asustada,
pero tú
no quisiste quedarte.
Ahora, defendidos por nuestros muros de libros,
cuadros que no hubieras aprobado
y comidas que no hubieras probado,
nos encontramos
finalmente solos.
Ayer
visitamos tu tumba.
Estabas toda allí.
(en la casa de mi abuela)
Te penetramos como a una casa
agitando
las cortinas blancas.
En la cocina
con su antiguo aroma a guiso de carne,
entre las latas de té,
los armarios con olor a lavanda
e hileras apiladas de jabón rosado,
cajas de algodón en rama
y bordados inacabados,
dijimos
cómo nos gustaría ser habitados
después de muertos.
Luego empezamos a tomar tu lugar,
filtrándonos como agua de roca,
cambiando tu viejo orden,
defendiéndonos
con nuestros propios olores.
(Me serví café exprés
con tu cafetera.
Colgué cortinas negras
en tu cuarto de baño.)
A veces,
regresando inesperadamente a casa
te descubrí,
tu mejilla tan suave como hojas de sauce,
sacudiendo la cabeza,
negando
el cáncer que te devoraba.
Conocía
tu fantasma como a mi propio deseo
y no estaba asustada,
pero tú
no quisiste quedarte.
Ahora, defendidos por nuestros muros de libros,
cuadros que no hubieras aprobado
y comidas que no hubieras probado,
nos encontramos
finalmente solos.
Ayer
visitamos tu tumba.
Estabas toda allí.
Erica Jong (sobre las cebollas)
Pienso otra vez en la cebolla, con sus dos bocas como oes, como hoyos abiertos en la nada. En la piel exterior, de un marrón sonrosado, que mondada descubre una esfera verdosa, calva como un planeta muerto, versátil como el vidrio, de olor casi animal.
Medito en su habilidad de escudriñarse, despellejándose a sí misma, capa tras, en busca de su corazón que es simplemente otra región de su piel, pero más profunda, más verde. Recuerdo a Peer Gynt: medito sobre su corazón a veces doble. Luego pienso en la desesperación, cuando la cebolla busca su alma y encuentra sólo sus diversas pieles; y pienso en el seco manojo de infructíferas raíces, y en el ombligo abrasado, desechado en el jardín.
No virtuosa como la papa proletaria, no una sirena como la manzana. No exhibicionista como el plátano. Sino una modesta, desdibujada verdura, inquisidora, introspectiva, pelándose hasta la desaparición, o simplemente generando halos como las ondas de un lago. La considero la eterna forastera, el segundón de la familia, la triste psicoanalizada del reino vegetal. Glorificada sólo en Francia (en otras partes, sólo silencioso pilar de sopas y guisados), nadie la ama por sí misma: ¿no es extraño que nos arranque lágrimas? Luego vuelvo a pensar cómo su piel exterior se parece al papel, cómo alma y piel son sólo una, cómo cada capa sustraída lleva un corazón que a su vez se hace piel.
Medito en su habilidad de escudriñarse, despellejándose a sí misma, capa tras, en busca de su corazón que es simplemente otra región de su piel, pero más profunda, más verde. Recuerdo a Peer Gynt: medito sobre su corazón a veces doble. Luego pienso en la desesperación, cuando la cebolla busca su alma y encuentra sólo sus diversas pieles; y pienso en el seco manojo de infructíferas raíces, y en el ombligo abrasado, desechado en el jardín.
No virtuosa como la papa proletaria, no una sirena como la manzana. No exhibicionista como el plátano. Sino una modesta, desdibujada verdura, inquisidora, introspectiva, pelándose hasta la desaparición, o simplemente generando halos como las ondas de un lago. La considero la eterna forastera, el segundón de la familia, la triste psicoanalizada del reino vegetal. Glorificada sólo en Francia (en otras partes, sólo silencioso pilar de sopas y guisados), nadie la ama por sí misma: ¿no es extraño que nos arranque lágrimas? Luego vuelvo a pensar cómo su piel exterior se parece al papel, cómo alma y piel son sólo una, cómo cada capa sustraída lleva un corazón que a su vez se hace piel.
El gran Paco
Amarla es difícil
Es buena, cuando duerme;
el calor de su cuerpo es un puñal de vidrio
que remonta los sueños.
Cuando calla, es buena
y su voz una premonición olvidada y peligrosa
que arruina el silencio.
Cuando grita o llora
o se lamenta o se divierte o se cansa,
nada puede contener
este dolor alegre que envenena
mis sueños y mi soledad.
Por eso es difícil pensar
en ella, en su cara bondadosa;
abandonarse; por eso
es una cobardía retenerla
y dejarla ir, una pavorosa crueldad.
A veces, cuando lo pienso,
no sé qué hacer con ella,
con este destino luminoso.
Paco Urondo.
Es buena, cuando duerme;
el calor de su cuerpo es un puñal de vidrio
que remonta los sueños.
Cuando calla, es buena
y su voz una premonición olvidada y peligrosa
que arruina el silencio.
Cuando grita o llora
o se lamenta o se divierte o se cansa,
nada puede contener
este dolor alegre que envenena
mis sueños y mi soledad.
Por eso es difícil pensar
en ella, en su cara bondadosa;
abandonarse; por eso
es una cobardía retenerla
y dejarla ir, una pavorosa crueldad.
A veces, cuando lo pienso,
no sé qué hacer con ella,
con este destino luminoso.
Paco Urondo.
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